En el Parque Nacional Cabo Polonio, la modernidad se evapora en la espuma de mar de sus vírgenes playas. En su pequeño poblado en donde no existe luz eléctrica y los relojes se han detenido, la brisa del verano deja escuchar los murmullos de otros tiempos. Al anochecer la inmensidad del cielo se abre en su oscuridad estrellada, en donde si uno se fija bien, los ovnis transitan sin timidez alguna.